lunes, 10 de junio de 2013

Quieto

El chiquito de apenas 7 u 8 años, se sienta en su banco de segundo grado. "Dejá eso, quedate quieto, silencio..."
Y quiere hacer, pero no lo dejan. Hace pero se cuestiona si lo muestra.

Ya no hace nada. No lo dejan.

sábado, 1 de junio de 2013

Por la calle

Por la calle me sorprendí de ver mucha gente sonriendo. ¿Feliz? Probablemente. Una señora que agradecía el paso cedido por un automovilista. Un mecánico, sonriendo antes de tirarse al piso a arreglar un auto. Un gurí contándole a su mamá las peripecias de la jornada escolar. Una chica en bicicleta que sonríe porque lo mejor de la época es sentir el fresquito del mediodía de otoño nublado en la cara, para después contrastarlo con un cálido beso de mamá.

Más allá, un chico de ropas gastadas y gorra, de piel oscura y curtida por el sol, llega a comprar un cigarrillo "de los baratos" al kiosko del barrio. Le responden cortante, rozando la grosería. Él entiende el mensaje y se va, sin nada y con la cabeza gacha. Tal vez sea el temido ladrón que piensa la señora que atiende el kiosko, yo lo veo como un simple laburante, que además es adicto a la nicotina.

Me alejo... ya no sonrío como antes.

jueves, 2 de mayo de 2013

Figurita repetida.

En mi profesión (soy "seño" de francés) me encuentro muchas veces cara a cara con padres y madres. Muchos de ellos (por no decír la mayoría) preocupados por la falta de atención de sus hijos en el colegio... y yo me pregunto:

¿Y si los chicos no prestan atención, porque no hay nada realmente interesante?

viernes, 19 de abril de 2013

Pourquoi?

¿Por qué? ¿Por qué me ausenté tanto tiempo? La respuesta la ven en el título: el francés. Me ha vuelto a atrapar una de las lenguas más maravillosas que la humanidad ha creado... De vuelta en la facultad e interesándome sobre todo por una perspectiva para laburar con los más chiquitos y hacer que amen en un 10'% lo que yo amo el francés, he estado ocupadísima estos días.

La lengua que me permitirá leer a Voltaire, Déscartes, Montesquieu en su idioma original, no puede menos que ofrecerme maravillas. Y son ellas las que me han hecho perderme un poco por acá.

Para resumir y no aburrirlos con todo estos asuntos, voy a anotar acá, a modo de bloc de notas, algunas cosas que me quedaron de la primera jornada que tuvimos hoy, de una capacitación llamada: Enseñar a los niños y adolescentes desde una perspectiva accionista".
Lo dicta una de esas personas que no vienen a escupir palabras a una jornada como esta, sino que te hacen replantearte miles de cosas que uno ni las pensaría (ni las pensó) y, sobre todo, trabajar...
Pero entre las cosas que me encantaron que dijo, quedaron:
· Los chicos no entran a la clase de francés (ni a ninguna clase) vacíos, sin conocimientos de nada, sin saber de qué se trata. En la materia que nos convocaba: el chico entra a clases de francés lengua extranjera sabiendo cómo suena el francés, cuáles son los monumentos más importantes (o conociendo la Tour Eiffel, al menos)... no entremos a la clase pensando "estos tontos, vacíos, que nos saben nada...."

· El mundo del chico no es LA CLASE, es el mundo. No pensemos en los chicos como ciudadanos de Concepción del Uruguay, de Gualeguaychú, de Villa Elisa... de, de... Pensemos en nuestros niños como ciudadanos DEL MUNDO. Si nosotros no queremos ver que estos chicos nacieron con una computadora incorporada, es que estamos ciegos.

También nos hizo hacer diferentes actividades para ejercitar el escuchar al otro, prestar atención, ser creativos y jugar.

Sí, el francés me está dando muchas satisfacciones por el momento. Y pienso seguir exprimiéndolo... :)

miércoles, 27 de marzo de 2013

Fila

Hoy, como hacia mucho no me tocaba (y como espero no tener que hacerlo seguido), tuve que hacer cola en el banco. Banco Nación. Día previo al feriado laaargo de Semana Santa y Malvinas. 8 y piquito de la mañana. Igual a: un infierno de gente.

La cola giraba dos veces sobre sí. Había personas de las más variadas. Atrás mío, una señora "del centro", que venía de hacer cola en el registro civil para hacer el documento de identidad de su nieto. Repitió (sin mentirles) nueve, diez veces la misma historia: que antes daban turno, ahora no; que antes podía venir y firmar ella, ahora tiene que venir el chico y sus papás; que "para mí esto es un curro"; que dentro de poco van a decir que vayas a pedir turno en monopatín y moño rojo"; que no podés pasar al exterior; que "tengo que renovar mi pasaporte, ahora que lo pienso".
Atrás de ella, un alma piadosa y, creo que como yo, también cansada del cuento de la señora, le ofreció un banco del otro lado de la cola: "total, nosotros le cuidamos el lugar, hasta que lleguemos, no se preocupe". Al alejarse la señora, el me miró con expresión socarrona y cómplice.
Adelante, un señor de unos setenta, setenta y cinco años, se aburría (como yo) del cuento del DNI que no fue, y empezó a contar. Así, ahora sé que en el techo del Nación hay treinta y cinco focos y que en la fila teníamos a treinta y siete personas adelante.

Más adelante o más atrás, estaban todos: el canchero, que habla de plata, cheques y compras a dos señoras que lo preceden en la cola. La oficinista, con anteojos de marcos anchos y que lee para amenizar la espera. El jubilado que, ante el ofrecimiento de un asiento por parte de un menor, se niega rotundamente con un "no m'hijo, yo estoy bien". El jubilado que se sienta y explora con la vista. La señora que habla. El señor que frunce el ceño desde que entra hasta que se va, a modo de "no aceptaré charlas de compromiso y banalidades". Los que suspiran. Los que se ríen. Los que se duermen. Los que guardan el lugar. Los que piden que le guarden el lugar para ir a hablar por teléfono afuera.

Todo. Todo fue bastante entretenido para los casi noventa minutos de espera que tuve en el salón principal del banco, iluminado por el sol matutino que entraba para encandilar a cajeros, guardias de seguridad y civiles.
Pero nada fue más divertido e inesperado y cambiante que la expresión de los que abrían la puerta y veían las casi dos horas de espera, haciendo fila en el banco.

viernes, 22 de marzo de 2013

Personas

Las personas.
 Las personas que entran a una fotocopiadora y dicen "quisiera una fotocopia". Las personas que se quejan de la cantidad absurda de feriados consecutivos y se pelean por un pasaje a cualquier destino. Las personas que empiezan a estudiar derecho y ante la cantidad de libros a leer, se quejan. Las personas, que siguen en su puesto de trabajo en las secretarías de la universidad a las 20.37, con las luces y las computadoras prendidas, y un alumno llega a por una consulta y le dicen que "sólo de 17.30 a 20.30 atención a alumnos". Las personas que usan un talle 40 de pantalón y al enterarse que sos 44 te dicen que "es imposible, si sos re flaca". Las personas que descubren que tiñendo un pantalón con un paquetito de anilina de 8 pesos, queda como el día en que lo compró, hace dos años. Las personas que dicen "no tener calzado" y el ropero está lleno de zapatos de taco. Las personas que atienden tiendas de ropa con un "negri", te parecen tan desconocidas, y de repente les suena el celu a eso de las 11.30 y atienden con un "hola gordo... ¡qué se yo... pollo!" y te parecen más comunes que antes. Personas que juegan a la play en una habitación y en la de al lado tienen otra tele prendida, con la novela a todo volumen, "para no perderse nada". Personas que se cuelgan del techo con telas, e invitan a colgarse a otra gente.
Personas como vos y como yo. Personas tan complejas y tan simples, tan reales y ficticias. Personas que me crucé por estos días.